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Clausulas suelo: la verdad

La fuerte crisis económica que sufrimos en la actualidad y la presión social están haciendo saltar por los aires el lucrativo negocio de las clausulas suelo impuestas por los bancos y entidades financieras de crédito. Sin embargo, ¿qué son realmente las clausulas suelo?, y ¿por qué son anuladas sistemáticamente por los tribunales? La cláusula suelo es una estipulación contractual que limita el tipo de interés variable de la que depende el precio de las cuotas hipotecarias, los índices que marcan el tipo de interés son, entre otros, EURIBOR, MIBOR, CECA, IRPH, de manera que aunque bajen estos índices (tal y como está pasando en la actualidad) las cuotas de tu hipoteca no bajan, y se mantienen en un mínimo, sin que haya posibilidad de bajarlas, ¿o sí?
Antes de nada, tenemos que destacar que las denominadas clausulas suelo no son en sí misma ilegales, sino que lo son porque no cumplen con una serie de requisitos legales, que son consecuencia de la condición de “consumidor” que tienen los particulares cuando suscriben una hipoteca con una entidad bancaria. Los bancos tienen la obligación de informar de manera clara y precisa al cliente sobre las cláusulas del préstamo hipotecario, que han de ser también negociadas individualmente.
Sin embargo, la simple falta de transparencia en la información que da el banco, no supone la nulidad de las cláusulas que no se hayan explicado correctamente, sino que además, según la doctrina seguida por el Tribunal Supremo, exige que esas cláusulas sean abusivas, es decir: que se trate de una clausula general de contratación, que produzca un desequilibrio entre las partes (desproporción), y que ese desequilibrio perjudique al consumidor. Dichas características se dan en todas las clausulas suelo.
Cuando hablamos sobre clausulas suelo nos referimos a cláusulas que han sido redactadas previamente por unas de las partes (el banco), y que son incluidas de forma sistemática en todas las hipotecas, sin que la parte contratante (usted) pueda hacer nada al respecto, limitándose únicamente a aceptar o rechazar el préstamo hipotecario en su conjunto, es decir, no se negocia la cláusula de forma individual, sino que o se acepta todo o nada.
La ley establece que son abusivas, todas las clausulas no negociadas individualmente, que sean contrarias a la buena fe, y causen un perjuicio al consumidor, así como un desequilibrio en los derechos y obligaciones derivados del préstamo hipotecario. Del mismo modo, también son abusivas las cláusulas que carezcan de reciprocidad, es decir, cuando de dicha cláusula se cree una situación de desproporción entre las partes, rompiendo el justo equilibrio del contrato. Cuando una parte tiene que cumplir con más obligaciones que la otra, o sus obligaciones son más gravosas que para la otra.
Por otra parte, las cláusulas del préstamo hipotecario deben ser redactadas conforme a principios de claridad, concreción, sencillez y transparencia. De lo contrario, en ningún caso las clausulas podrán favorecer a la parte que haya ocasionado “oscuridad” en las cláusulas del contrato, como es el caso de las clausulas suelo.
En definitiva, las clausulas suelo deben ser anuladas y eliminadas de la hipoteca, manteniendo el resto de cláusulas intactas. En consecuencia, su cuota mensual hipotecaria se reducirá proporcionalmente según el tipo de índice que tenga de referencia (EURIBOR, MIBOR, CECA, etc.), sin que haya ningún límite mínimo que impida que baje la cuota hipotecaria. Además, las entidades bancarias están obligadas a devolver el dinero pagado de más debido a la aplicación de las cláusulas suelo desde el 9 de mayo de 2013, por haberlo así acordado el Tribunal Supremo en su Sentencia de la misma fecha.